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Correlación no implica causalidad

Entrenemos el pensamiento analítico en 3 minutos.

¿Recuerdas la pandemia?
Cuando aparecieron los famosos remedios mágicos que supuestamente curaban el COVID.

Moringa.
Jengibre.
Ajo hervido.
Y sí… hasta cosas mucho más raras.

Algunas personas aseguraban, con total convicción, que eso era la cura.
(Imagínate mi cara en ese momento).

¿Pero por qué pasa esto?

Porque a alguien le funcionó.
O porque justo cuando tomó el “remedio”, los síntomas ya estaban bajando.
Coincidencia… pero el cerebro hace el resto. Nuestra mente busca patrones y asume causalidad donde solo hay correlación.

Vemos dos hechos juntos y asumimos que uno causa el otro.
Sin profundizar. Sin validar. Sin pensar.

El hecho de que dos cosas se correlacionen, no implican que uno sea la causa del otro.

Y ahora viene lo importante.

Esto no solo pasa en la pandemia.
Pasa todos los días en nuestro mundo profesional.

Creemos cosas como:

  • Visitar más clientes genera más ventas.
  • Cuando subimos precios, bajan las ventas.
  • Las empresas con EBITDA alto crecen más.
  • Esa campaña de marketing nos trajo más ventas.
  • “Ese cliente siempre compra y siempre paga bien”.

Ojo:
No estoy diciendo que siempre sea falso.

Lo que digo es que asumir causalidad solo porque hay correlación es una trampa mental peligrosa.

Y tomar decisiones desde ahí cuesta dinero.

Por eso, antes de concluir que “una cosa causa la otra”, pregúntate esto:

  • ¿Hay otras variables influyendo en el resultado?
  • ¿Este efecto se repite en el tiempo o fue algo puntual?
  • ¿Pasa con otros clientes, zonas o situaciones similares?
  • ¿Tiene sentido desde la lógica financiera y operativa?

Una de las habilidades más importantes hoy no es tener datos.
Es interpretarlos bien.

Así que recuerda este principio simple, pero poderoso:
correlación no implica causalidad.

Si entrenas tu forma de pensar, mejoras la calidad de tus decisiones.
Y cuando decides mejor, los resultados llegan.

Nos leemos pronto.