Después de diciembre.
Hola,
Diciembre suele ser así: Comemos peor. Dormimos menos.
Tomamos licor. Nos movemos poco.
Subimos de peso.
Perdemos hábitos. El cuerpo lo siente.
Pero también tiene su lado bueno.
Compartimos más. Estamos más relajados.
Vemos gente que no vemos en el año.
Bajamos un poco la guardia.
Y está bien.
El problema no es diciembre. El problema es no volver.
Por eso, cuando arranca el año, casi todos pensamos en lo mismo.
Ir al médico. Volver a trotar.
Regresar al gimnasio. Comer mejor.
Dormir mejor.
También pensamos en proyectos grandes.
Viajar. Cambiar de carro.
Comprar casa. Casarnos.
Empezar algo nuevo.
Todo eso está bien.
Pero hay algo que casi nadie pone en la lista.
Entrenar la mente.
Y es curioso, porque en lo profesional somos como atletas.
Si no entrenamos, bajamos el nivel.
Si no mejoramos, nos volvemos rígidos.
Si no aprendemos, nos quedamos obsoletos.
Un profesional que no entrena su forma de pensar
cada vez vale menos.
Aunque trabaje mucho.
Y si eres empresario, peor.
Porque no solo dependes tú.
Depende tu empresa.
Depende tu gente.
Dependen tus decisiones.
Por eso te escribo esto.
No para prometer cambios radicales.
Ni para empezar “algo nuevo”.
Sino para volver a lo importante.
Entrenar la mente.
Pensar mejor.
Decidir mejor.
Un poco cada semana. Entrenaremos la mente financiera, la mente analítica, la mente estratégica, todo para tomar mejores decisiones.
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Nos leemos. Óscar...