La mañana en que decidí no terminar la montaña
A mí me gustan las montañas y el senderismo.
Hace unos días viví algo que me dejó un gran aprendizaje sobre la toma de decisiones.
Hace unas semanas, había planeado subir al cerro de las tres cruces en Cali y ese día amaneció muy nublado y frío, pero no llovía, así que decidí continuar con mi plan.
Ese mi plan preferido de los domingos a las 5 am. "Qué loco, los domingos son para dormir hasta tarde" dirían muchas personas que conozco 😄
Cuándo llegué al punto de partida no había mucha gente y seguía muy nublado, pero no llovía, así que decidí continuar mi camino hacia la cima. (Ya había madrugado y conducido hasta ahí, así que no iba a devolverme)
Con los senderos solitarios, la montaña medio oscura, mucho viento frío en mi cara, empecé mi travesía.
El trayecto más pesado del cerro se le conoce como "la pared", ya que es bastante inclinado y toca hacer mucha fuerza con las piernas y las manos para poder casi que escalarla.
Cuando iba a empezar a subir "la pared" el cielo se colocaba más oscuro y el viento ya traía gotas de agua, al parecer se venía la lluvia, pero pensé "ya llegué hasta aquí, me falta poco, así que vamos pa´ arriba"...
Y cuando terminé la pared…
El aguacero se soltó con toda su fuerza.
No veía bien.
Estaba solo.
No tenía dónde refugiarme.
Solo tenía dos opciones:
Terminar la montaña.
O devolverme.
Y mi ego tenía una favorita.
Dentro de mí pensaba:
Ya estoy aquí.
Ya hice el esfuerzo.
Ya estoy mojado.
Tengo que terminar.
Pero mi lado racional me dijo algo diferente:
Óscar. El 15% que falta es peligroso.
Hay lodo. Te puedes caer.
Estás solo.
No tienes que terminar la montaña.
Tienes que tomar la mejor decisión.
Así que renuncié al ego.
Y me devolví.
Llegué a casa.
Café caliente.
Sano y salvo..
Y mientras bajaba, entendí algo:
No quería terminar la montaña.
Quería justificar el esfuerzo que ya había hecho.
Eso se llama sesgo de costo hundido.
El sesgo de costo hundido, es cuando sigues tomando una decisión solo porque ya invertiste tiempo, dinero o esfuerzo, aunque hoy ya no tenga sentido.
La clave es esta:
El dinero ya gastado no se puede recuperar. Pero aun así dejamos que controle nuestras decisiones futuras.
En otras palabras: El pasado secuestra al presente.
Ejemplo ultra simple
Compraste un curso en $2 millones. A la tercera clase te das cuenta que es malo.
Pero sigues asistiendo porque dices:
“Ya pagué mucho, tengo que terminarlo.”
Error. El dinero ya se perdió. La única pregunta válida es:
¿Vale la pena seguir invirtiendo tiempo desde hoy?
Ejemplo en VENTAS
Un vendedor lleva 8 meses intentando cerrar un cliente.
La empresa ya ha invertido:
- Tiempo, viajes, descuentos, reuniones
Pero el cliente nunca compra. Aun así dicen:
“No podemos dejarlo, ya invertimos demasiado.”
Realidad: Ese cliente puede que nunca compre. Pero el equipo sigue gastando energía.
Costo oculto: Dejan de buscar mejores clientes.
Ejemplo en COMPRAS
Compraron un inventario que no rota. Producto equivocado.
Pero dicen:
“No podemos venderlo barato porque lo compramos caro.”
Entonces: El inventario se queda meses parado.
Consecuencia:
- Capital atrapado
- Problemas de caja
- Espacio ocupado
La decisión correcta sería: Venderlo al precio que el mercado paga HOY.
No al precio que pagaste ayer.
Ejemplo en LOGÍSTICA
Compraron un camión. Pero mantenerlo es muy costoso. Sería más barato tercerizar transporte.
Pero dicen:
“Ya compramos el camión, hay que usarlo.”
Aunque financieramente no tenga sentido.
Por qué este sesgo es tan peligroso en empresas
Porque destruye:
- Rentabilidad
- Caja
- Tiempo
- Energía
Y mantiene vivos proyectos muertos.
Cómo evitarlo en la oficina (herramienta práctica)
Haz esta pregunta siempre:
Si hoy no hubiéramos invertido nada… ¿tomaríamos esta decisión?
Si la respuesta es NO… Probablemente estás atrapado en el sesgo.
Las empresas no quiebran por malas decisiones futuras.
Quiebran por seguir justificando malas decisiones pasadas.
Así que revisa tus decisiones, tus proyectos, tus inversiones
¿Están sesgadas por el costo hundido?
Para la reflexión.
Nos leemos pronto.